Actualizado a 22 de enero de 2026
ℹ️ Nota: este post refleja la situación alrededor de su fecha de publicación, abril de 2025, y puede no reflejar el contexto actual. Y aunque no está dentro de mi temática habitual, considero que tuvo influencia histórica en su día y por eso lo dejo publicado (pero no está indexado para mostrarse en los resultados de búsqueda).
Indignación ante las prácticas de espionaje en el sistema español que ahora resuenan con clamor (pero deben ser más antiguas que un monolito).
Las recientes revelaciones sobre operaciones de vigilancia indiscriminada y la falta de transparencia, han despertado una preocupación legítima sobre la protección de la privacidad y los derechos individuales.
El espionaje, en cualquier contexto, representa una amenaza a la confianza entre los ciudadanos y las instituciones.
Cuando estas prácticas se llevan a cabo sin el debido control judicial o en ausencia de una justificación clara, el daño a la democracia es profundo e irreversible.
Es fundamental que las autoridades rindan cuentas y que se establezcan mecanismos efectivos para garantizar la supervisión de los servicios de inteligencia.
La sociedad exige respuestas claras, reformas estructurales y un compromiso real con la defensa de los derechos fundamentales.
Porque la privacidad no es un lujo, es un derecho. Y ante su vulneración, la indignación no solo es comprensible, sino necesaria.


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