Actualizado a 13 de enero de 2026
En un mundo donde las marcas compiten por cada segundo de atención, el marketing digital se ha convertido en una herramienta imprescindible.
Sin embargo, detrás de los anuncios llamativos, las métricas y las estrategias de marketing, existe una realidad que pocos cuentan.
En este post descubrirás los retos invisibles, las exigencias constantes y las verdades incómodas que acompañan a quienes trabajan en este sector.
Historia
Inicié mi trayectoria en marketing digital alrededor del año 2012. Desde entonces, he sido testigo de como la conexión global influye de manera evidente.
Quienes han seguido mi recorrido, conocen bien los problemas en privacidad que he afrontado: desde la navegación por Internet hasta en mi propio ordenador y hogar.
Con el tiempo, esta situación ha mejorado gracias a diversos cambios y ajustes que he ido implementando.
A día de hoy, mi hogar, que también es mi espacio de trabajo, cuenta con privacidad.
Trabajo con tranquilidad, y la única excepción son las llamadas telefónicas que, como es sabido, ni los operadores pueden (ni quieren?) proteger. Por eso, tomo mis precauciones.
Dentro de esta realidad, considero una suerte tener la capacidad de detectar fallos y fugas que luego arreglo.
Anuncios y posicionamiento en Internet
Especial mención a Google.
Google, según mi entendimiento, no resulta del todo fiable en países con corrupción como España.
A pesar de ser una herramienta imprescindible para los negocios, su funcionamiento y sus decisiones pueden tener un impacto negativo en la red.
Google posee la capacidad de alterar la visibilidad de contenidos y anuncios de manera que favorezcan sus propios intereses, y esta situación es aprovechada sin escrúpulos por quienes buscan obtener beneficios rápidos y de manera poco ética.
En mi caso, he sufrido las consecuencias de una navegación vulnerada, al igual que en mi ordenador, sin mi conocimiento ni consentimiento. Esto también se aprovechó para anuncios que interesaban a los que constataban mi falta de privacidad, que no para mi.
Esta práctica no solo fue invasiva, sino que me dejó en una posición de indefensión total. Aunque probablemente no sea un caso mayoritario, no cabe duda de la desprotección que se tiene cuando descubres que no existen mecanismos claros para exigir responsabilidades inmediatas.
Además, esta situación refleja una carencia estructural en nuestro entorno laboral y digital: faltan sindicatos y organismos que defiendan de forma efectiva a la parte más vulnerable del ecosistema digital, como los freelancers. Estos, sin grandes recursos ni respaldo institucional, quedan expuestos a abusos tecnológicos que pueden afectar tanto a su privacidad como a su actividad profesional.
En definitiva, se hace evidente la necesidad de una mayor regulación y de iniciativas que protejan al usuario individual frente a prácticas abusivas en Internet, así como la creación de estructuras colectivas que den voz y respaldo a quienes trabajan de manera independiente en el entorno digital.
Si bien Google ha sido importante, no es la única tecnológica que abusa de su posición; otras conocidas como Instagram, LinkedIn, Twitter en su día, ahora “X”, Amazon, WhatsApp, y otras más, están en el mismo lugar.
Para acabar
He compartido algunas cuestiones, aunque hay otras más en el tintero.
Pero, hoy por hoy, puedo garantizar que dispongo de un entorno de trabajo profesional, seguro y privado para mis clientes. Incluso aspectos cotidianos como las conversaciones telefónicas, las gestiono con el máximo cuidado para asegurar una comunicación fiable y protegida.
Para concluir, solicito a Google y a las grandes tecnológicas que muestren consideración hacia el trabajo freelance, reconociendo sin reservas a quienes trabajan con calidad y competitividad.
Todos deseamos un entorno seguro, justo y equitativo.


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